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Friday, January 12, 2018

Salvadoreño víctima de ataque de odio gana juicio en EE.UU.

Un hombre estadounidense se declaró culpable y fue sentenciado a cinco años de cárcel por haber efectuado un ataque basado en prejuicios contra un salvadoreño de 67 años en Eagle County, Colorado. La presencia de la víctima ante el juez fue clave para ganar el caso, el cual acaparó bastante atención mediática por la tensa coyuntura política propiciada por mensajes racistas y antiinmigrantes.

Carmen Molina Tamacas



Santos Villacorta nunca se imaginó que más de 20 años después de haber salido de El Salvador huyendo de la guerra, sería víctima de un crimen de odio. Su valentía para comparecer ante un juez y contar los pormenores la paliza que recibió de un estadounidense fue la clave para ganar el juicio y propiciar una dura sentencia para su agresor.

El compatriota tiene 67 años. Salió de su natal cantón Pajigua, en Guatajiagua, Morazán en 1991, cuando los vientos de paz todavía no soplaban en El Salvador. Se asentó en California, donde trabajó en varias fábricas y, desde hace casi 12 años, en El Jebel, unos 45 kilómetros al noroeste de Aspen, en Colorado. Allí es el encargado de mantener impecable el área del gimnasio en uno de los varios hoteles de esa zona montañosa apetecida por los esquiadores.

Su vida transcurrió con la normalidad de estar adaptado al frío casi permanente, afanado por garantizar su subsistencia, hasta el 10 de noviembre del año pasado. Él salió del trabajo, pasó por una tienda para comprar jugos, tortillas y otros víveres y, además, compró unos billetes de lotería.

Entró a su carro, dejó una puerta abierta ya que el estacionamiento de al lado estaba vacío y dejó una pierna afuera. Entretenido raspando los boletos, no escuchó los gritos de un hombre blanco y corpulento que insultaba a los inmigrantes latinos. “México!” gritaba. Villacorta no puso atención, diría más tarde ante un juez: “Yo soy de El Salvador”.

Lo que sucedió a las 9:30 de la noche de ese martes está grabado a martillazos en su cuerpo. El agresor, Jerry Cunico, lo agarró del cuello y le propinó una serie de puñetazos en la cara. Villacorta sucumbió rápido ante la rapidez y fuerza del ataque, aunque logró lanzar algunas patadas para defenderse no fue suficiente; tres jóvenes que estaban en el estacionamiento detuvieron la agresión y pidieron ayuda a los administradores de la tienda.

Una enfermera de Florida llamó a la policía y tras verificar los signos vitales del compatriota le urgió buscar atención médica de inmediato. Villacorta estaba desorientado por la golpiza. Fue llevado al hospital donde le realizaron una resonancia magnética y los médicos le informaron que tenía un hueso hundido y la mandíbula rota.  

Cunico fue arrestado y fichado en la oficina del sheriff de Eagle County.

Crimen basado en el prejuicio

La abogada Lucy Laffoon, explicó a El Diario de Hoy que Villacorta llegó a su bufete  aproximadamente un mes del ataque, porque había escuchado que las víctimas de ataques violentos basado en los prejuicios -al igual que los crímenes de odio- pueden acceder a beneficios sociales, médicos y, lo más importante, migratorios (U-Visa).

La abogada asegura que su oficina ayuda a las personas con pocos recursos que necesitan representación legal. El 30 por ciento de los casos que atiende están relacionados con la U-Visa, la cual aplica también para víctimas de violencia doméstica y abusos laborales.

Laffoon trabajó muy de cerca con los fiscales del caso, dándole seguimiento a todos los pasos legales, recolectando los documentos y las pruebas necesarias. Villacorta llegó a Estados Unidos buscando asilo y tiene permiso para trabajar, pero aun así estaba intimidado por el proceso judicial, especialmente de rendir su testimonio.

La abogada y su equipo animaron a Villacorta a comparecer ante el juez de Eagle County District, Russell Granger; su presencia fue determinante en la audiencia final contra Cunico, la cual culminó con una sentencia de cinco años de cárcel que deberá purgar en una cárcel estatal.

“No iba a ser lo mismo si el juez veía su nombre en papeles; pudo ver a este hombre mayor, todavía sufriendo por las heridas en comparación con el atacante, un hombre joven y corpulento”, destacó.

Don Santos, por vía telefónica, afirmó que él quería “conocer más al hombre que lo había golpeado, para tener más cuidado”.

“Quizás si yo fuera un juez de una ciudad grande, donde se ven muchos casos de delitos violentos estaría acostumbrado. Este es Eagle County, y no estoy habituado. Yo no veo muchas ofensas como esta, y no está bien hacerlo en Eagle County”, dijo el juez Granger según publicó el periódico The Aspen Times.

Cunico, de 47 años, se declaró culpable en noviembre de los cargos de asalto en segundo grado y crimen motivado por prejuicios, ambos delitos graves. Al carecer de antecedentes penales, su abogado Terry O’Connor solicitó que su cliente tuviera libertad condicional, ya que tenía un trabajo y un hogar. Sostuvo que el ataque fue producto de la ingesta de alcohol.

“El señor Cunico quiere demostrar que esa no es su verdadera personalidad”, indicó el abogado de acuerdo con la crónica escrita por el periodista Scott Condon.

Aunque el departamento de libertad asistida del 5to. Distrito Judicial recomendó dos años de internamiento en un centro de detención correccional y la fiscalía buscaba seis años en ese mismo centro -que tiene mucha flexibilidad a favor de los reclusos- el juez se mostró en desacuerdo e impuso la sentencia de cinco años en una prisión estatal.

Al preguntarle qué piensa sobre la sentencia impuesta a su atacante, Santos Villacorta responde “el fiscal no estaba complacido porque quería más”. Al insistir sobre su opinión, dijo: “Está bueno para que no ataque a otra persona”.

Justicia, no política

En sus alegatos finales, la abogada Laffoon dijo que en el actual clima político que se vive en Estados Unidos, este tipo de crímenes no deben ser tolerados. Ella se refirió a la campaña antiinmigrante y racista que realizan en todo el país políticos conservadores.

Pero el juez hizo hincapié en que él no estaba haciendo una declaración política con su condena. "Esto no tiene nada que ver con la política, absolutamente nada", dijo. Y agregó: "Esto tiene mucho que ver con la justicia. Como yo lo veo este caso es que tengo un ser humano que ha hecho daño a otro ser humano de una manera muy violenta, de manera viciosa. Y eso es".

El funcionario fijó la sentencia de cinco años de cárcel por asalto en segundo grado, el más grave de los dos cargos, y dos años de cárcel por el crimen motivado por los prejuicios, los cuales deberán ser servidos de forma concurrente; además tres años de probatoria al salir de la cárcel y debe pagar a la víctima un total de $3,494 en restitución, cantidad que podría incrementarse debido a futuros tratamientos médicos y costos procesales.

Los gastos médicos han corrido por cuenta de la Corte, que apoya a las víctimas de crímenes de odio con un fondo económico especial.

El caso cobró tal trascendencia que fue llevado a la portada del The Aspen Times.

Lauren Glendenning, editora del periódico, explicó la razón por la cual decidieron publicar esta historia como la principal al día siguiente de la audiencia de sentencia. “Este crimen es extremadamente raro y violento en nuestro valle, y el hecho de que fue motivado racialmente hizo todo más perturbador”, dijo. Y añadió: “Nosotros vivimos en un lugar pacífico y de aceptación”.

En una reflexión final, la abogada Laffoon dijo que en estos días, cuando aparecen reportes de ataques contra personas por su origen étnico, origen o religión, tenemos que entender que todos somos humanos. “Cada persona tiene una historia, no tenemos que perseguirlos sino ayudarnos mutuamente. Las cosas pueden cambiar si trabajamos juntos”, puntualizó.

(Artículo originalmente publicado en El Diario de Hoy el 22 de enero de 2016)



Monday, March 24, 2014

“Latino Americans”, el rostro de una nación

Carlos Vaquerano, un activista salvadoreño radicado
en Los Ángeles, fue retratado en el documental 
de PBS sobre los Latino Americanos.

Un documental de cinco horas explora las raíces, el rol y el legado de los latinos en Estados Unidos. La serie, que ha causado mucha expectativa y abona al movimiento social que demanda una reforma migratoria integral, fue estrenada esta semana y los primeros capítulos, que abarcan de 1500 a 1800 está disponible en el canal de YouTube de PBS.

Carmen Molina Tamacas



“Es un largo y poderoso surco que mis pobres manos han arado/Mis pobres pies han recorrido un largo camino polvoriento/En el borde de sus ciudades nos verá a continuación
Venimos con el polvo y nos hemos ido con el viento./Esta es tu tierra, y mi tierra, y de ustedes/Desde California hasta las islas de Nueva York/Esta es tu tierra, y mi tierra, y de ustedes.”

En la voz de la cantante de origen mexicano Lila Downs, los versos de “Pastos de mi tierra” marcan el inicio de la introducción de “Latino Americans”, un documental sin precedentes que explora las raíces, el rol y el legado de los latinos en esta nación de inmigrantes.

“Latino Americans” es una ambiciosa producción audiovisual del Public Broadcasting Service (PBS); dura seis horas y está dividida en capítulos que dibujan el legado latinoamericano en el ámbito social, cultural, político y artístico en 500 años de historia. “Narra la rica y variada historia de los latinos, que han ayudado a moldear nuestra nación y se han convertido, con más de 50 millones de personas, en la minoría más grande en los Estados Unidos”, reseña el libro homónimo de la serie escrito en 18 meses por el periodista Ray Suárez, jefe de la corresponsalía nacional de PBS Newshour..

El documental contiene más de 100 entrevistas a importantes personalidades de diversos ámbitos, como los octogenarios Herman Badillo y Dolores Huerta, el primer congresista boricua de Nueva York y la activista por los derechos de los trabajadores agrícolas, respectivamente. Asimismo, la actriz puertorriqueña Rita Moreno, única ganadora de los premios Oscar, Tony, Emmy y Grammy.

Cuenta además con aportes de destacados historiadores y académicos como María Cristina García, Vicky Ruiz y David Montejano; la cantante cubana Gloria Estefan, pionera del “crossover” y otras estrellas del pop como Ricky Martin. Entre los periodistas entrevistados figuran María Elena Salinas, presentadora del noticiero en español más visto en Estados Unidos, Univisión.
La narración está a cargo del actor Benjamin Bratt, actor de origen peruano-alemán, premiado varias veces por su rol en la serie de televisión “Law & Order”. En un comunicado oficial, PBS reconoce que la diversidad de la experiencia latinoamericana en Estados se refleja no sólo en las entrevistas sino en el staff de cineastas.

“El equipo de producción, la mayoría del cual son latinoamericanos, incluye personas de origen mexicano, puertorriqueño, cubano, salvadoreño y dominicano. Además de Bratt como narrador, la banda sonora para Latino Americans está a cargo de Lila Downs, Joseph Julián González y Claudio Ragazzi”, apuntó la fuente (ver recuadro).



Heroísmo y riesgo

El documental fue estrenado el martes de esta semana en todo el país como parte de las celebraciones por el Mes de la Herencia Hispana. Durante la presentación en Nueva York, en el Museo del Barrio (East Harlem, en el Alto Manhattan), la productora Adriana Bosch explicó que al tratarse de un trabajo de tal magnitud, abarcando cinco siglos de historia, tenían que ingeniárselas para estructurar un guión justo y armonioso. Era imposible realizar, por ejemplo, una hora con el aporte de los ciudadanos de un determinado país.

“Buscamos las interacciones de los latinos en los momentos cruciales de la historia de Estados Unidos, para ello tuvimos que encontrar los mejores personajes”, indicó, al tiempo que advirtió que muchos de los eventos o personajes que uno esperaría ver en un documental sobre la historia de los latinos simplemente podrían no estar  incluidos.

El panel también incluyó a Juan González, uno de los periodistas latinos más reconocidos de Estados Unidos y al mismo Suárez, quien se desempeña como Jefe de la Corresponsalía de PBS Newshour.

Ante la pregunta de Yoseli Castillo Fuertes, profesora y autora del libro “De eso sí se habla. Of that I speak”, quien pidió una guía para abordar el documental con sus estudiantes de el Bronx, los panelistas destacaron la participación de los jóvenes en las huelgas y marchas estudiantiles de 1968 en East Los Ángeles, quienes demandaban servicios educativos bilingües, “se trató de gente joven tomando las riendas de su futuro”, como indicó Suárez.

El documental “Latino Americans” ha desatado una fiebre alta y una gran expectativa en diversos ámbitos y le inyecta energía al movimiento social que demanda una reforma migratoria integral, cuya aprobación está sujeta al estira y encoge de los políticos que dudan de crear una legislación que dé una vía para la ciudadanía para unas 11 millones de personas que carecen de estatus regulado.

La antesala del estreno estuvo marcada por una “Twitter Party”; una de las co-anfitrionas fue la salvadoreña Ana Flores, fundadora del sitio web SpanglishBaby, que promueve la educación bilingüe. “Soy de la segunda generación. Mis padres llegaron aquí como diplomáticos de El Salvador. Mi hermana y yo nacimos en Houston”, escribió en un tuit. “La inmigración está en el corazón de la experiencia Americana, y una parte central de experimento democrático de larga data que es los Estados Unidos”, añadió.

La fiesta virtual fue organizada por la consultora cultural Neyda Martínez. Reunió a decenas de tuiteros latinos en todo Estados Unidos y la conversación, que registró más de tres mil tuits en menos de una hora (según Topsy.com), fue colmada de intervenciones relacionadas con la búsqueda de la identidad entre dos mundos y reafirmaciones de orgullo ancestral.

El día del lanzamiento, el “feed” de Twitter también estalló.

El capítulo debutante se titula “Extranjeros en su propia tierra” y abarca de 1500 a 1800, cuando los primeros exploradores españoles ingresaron a Norteamérica, expandiéndose en los territorios del Suroeste, que habían sido hogar de los Nativoamericanos. Hace un recuento además de las colonias británicas y españolas así como la guerra territorial entre Estados Unidos y México de 1848.

De acuerdo con las notas de prensa de PBS, el segundo capítulo, “Imperio de sueños” documenta cómo la población estadounidense comienza a cambiar -a partir de 1880 hacia 1940- con la llegada de cubanos, mexicanos y puertorriqueños, quienes comenzaron a construir fuertes comunidades en el sur de Florida, Los Ángeles y Nueva York.

La tercera parte; “Guerra y paz” se mueve en la Segunda Guerra Mundial y los años siguientes, donde cientos de miles de latinos sirvieron en la milicia, no obstante enfrentando discriminación y luchando por derechos civiles.

“Los nuevos latinos” se titula el cuarto episodio, que destaca la abultada migración de Puerto Rico y República Dominicana desde la posguerra hasta el inicio de los años 60 en la búsqueda de mejores oportunidades económicas. “Prejuicio y orgullo”, o quinto capítulo, detalla la creación de la orgullosa identidad “Chicana”, mientras líderes sindicales organizaron a los trabajadores agrícolas de California y activistas pujaban por mejores oportunidades educativas, la inclusión de los estudios latinos y el empoderamiento en el proceso político.

“Peligro y promesa” recorre los últimos 30 años, con una segunda ola de cubanos llegando a Miami durante el éxodo de Mariel y con cientos de miles de salvadoreños, nicaragüenses y guatemaltecos huyendo de los conflictos internos y guerras hacia una nueva tierra, transformando a los Estados Unidos en el camino.

“El debate sobre los inmigrantes indocumentados aflora, con una reacción que eventualmente incluye llamados para apretar las fronteras, leyes para hacer del inglés la única lengua autorizada y los esfuerzos por etiquetar a los inmigrantes indocumentados como delincuentes. Simultáneamente, la influencia latina está impactando en la música, los deportes, la prensa, la política y el entretenimiento. El más grande y joven sector en crecimiento de la población estadounidense, los Latino Americanos, determinarán el éxito de los Estados Unidos en el Siglo 21”, añaden los realizadores.



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Carlos Vaquerano, reflejo de la migración salvadoreña en EE.UU.

El sexto y último capítulo de la serie “Latino Americans” de PBS usó la historia de un inmigrante salvadoreño para concatenar las piezas históricas y los desafíos que representa este momento para Estados Unidos.


Carmen Molina Tamacas



“Hijo, usted se tiene que ir”. Con esa sentencia materna, Carlos Vaquerano, apenas siendo un adolescente en Apastepeque, San Vicente, entendió que su vida en realidad estaba en peligro y que debía buscar la manera de sobrevivir.

Era apenas el inicio de la locura, del conflicto armado en El Salvador. Como él, cientos de miles de salvadoreños vieron en el Norte la única salida posible para garantizar un mejor porvenir. Lo mismo para guatemaltecos y nicaragüenses que huían de los conflictos en sus países.

Vaquerano ya había visto morir a amigos y compañeros de estudios, por eso no dudó en emprender la odisea para llegar, indocumentado, a Estados Unidos.

Se le quiebra la voz y le brotan las lágrimas al recordar el sufrimiento de dejar a su familia y la zozobra que vivió en los 40 minutos que el “coyote” tardó en hacerlo pasar, escondido junto a otros dos jóvenes, en un camión GMC de Tijuana a San Diego.

“Yo quería gritar ¡‘Aquí estoy, aquí estoy!”, cuenta. Al día siguiente fue llevado a una casa de seguridad y luego a Los Ángeles, y la primera comida que tuvo fue en un McDonald’s, recuerda..

El testimonio del salvadoreño es el plato fuerte de “Peligro y promesa”, sexto y último episodio de “Latino Americans”, un documental que ha sido estrenado este otoño por el Public Broadcasting Service (PBS) que esboza la diversidad de la experiencia latinoamericana en Estados Unidos.

Su relato ilustra las complejas circunstancias que obligaron a cientos de miles de centroamericanos que durante los años 80 dejaron sus hogares y salvarse de los enfrentamientos que asolaron pueblos enteros.

Se calcula que unos dos millones y medio de salvadoreños vive en Estados Unidos; de ellos un poco más de 200 mil están amparados al Estatus de Protección Temporal (TPS).

La historiadora María Cristina García brinda luces sobre el contexto de esta época; porque el capítulo final de esta serie de PBS muestra el rol del gobierno de Estados Unidos en el mapa geopolítico centroamericano, y las consecuencias de las leyes y medidas internas que pretendían frenar la inmigración masiva.

Desde la Amnistía general firmada por el Presidente Ronald Reagan en 1986, la conformación del escuadrón “Minute man” hasta la promulgación de leyes antiinmigrantes en el estado de Arizona, el capítulo da una perspectiva del momento crucial que ha vivido la población latina en Estados Unidos en los últimos 30 años..

Además de la deuda pendiente de la administración Obama -por el entrampamiento que ha sufrido la reforma migratoria- los académicos entrevistados destacan que este momento histórico es crucial, pero que se requiere el empoderamiento de la población latina para demandar inversión social, especialmente en el área de educación.

Y es ese precisamente el rubro en el que Carlos Vaquerano dedicó su trabajo. El documental señala que a partir de 1994 ayudó a los refugiados salvadoreños y ahora es parte del directorio de la Salvadoran American Leadership  & Education Fund (SALE), cuyo objetivo es promover la participación y representación de los salvadoreños y otras comunidades latinas en Estados Unidos, así como promover el desarrollo y la democracia en El Salvador.

El capítulo final de “Latino Americans” fue proyectado este martes y en V-me, la versión en español de PBS, será transmitido el próximo viernes.

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Una salvadoreña entre los productores

La cineasta y periodista salvadoreña Nina Álvarez formó parte del staff de productores del documental “Latino Americans” de PBS.

Nina está radicada en Nueva York y su experiencia abarca desde la producción noticiosa hasta los documentales. Comenzó su carrera en ABC News en 1993 y desde entonces ha trabajado en Estados Unidos, América latina, Medio Oriente, Asia Central y África. Entre las producciones recientes en la que ha trabajado figuran Wich Way Home, un documental de HBO nominado para los premios Oscar y ganador de un Emmy que siguió el periplo de un grupo de jóvenes centroamericanos hacia Estados Unidos.

En Latino Americans, Nina aportó en la producción del capítulo 4, que aborda las migraciones caribeñas a la costa Este estadounidense. Ese apartado, titulado “De Marine Tiger a Nuyorican: Esperanzas frustradas y recuperadas, 1946-1970”.

De acuerdo con PBS, el capítulo recoge desde las promesas tempranas que motivaron la masiva migración de Puerto Rico a Nueva York, la decepción que siguió para muchos y la lucha que resultó para lograr un lugar en la ciudad que condujo a nuevos movimientos culturales, políticos y sociales, lo cual motivó una era transicional entre 1946 a 1970.



La historia es cíclica

El estreno ha merecido ya varias reseñas, comentarios y críticas en la prensa local.
“Poderoso primer episodio de #LatinosPBS debería recordarnos las raíces de larga data de los fanáticos antiinmigrantes en Estados Unidos”, escribió en su cuenta de Twitter Claudio Remeseira, autor del libro y el blog Hispanic New York.

Me parecieron interesante los dos primeros episodios. Lo cíclico de la historia es evidente.
Aun estamos a la espera de ver más alla de los mexicanos, cubanos y puertorriqueños.
Es una buena guia de estudio para cualquier persona que esté interesada en conocer sobre la historia de los hispanos”, dijo por su parte el salvadoreño Luis Montes, residente en Long Island.

“Quedó en evidencia lo diverso de la hispanidad en los Estados Unidos. Si bien hemos logrado corregir muchos errores históricos, aún queda mucho por hacer. Las razones del inicio de las deportaciones en los años 30s, recordó mucho a las posiciones actuales del Tea Party, culpando a inmigrantes por la faltas de trabajo y creyendo con la deportación se mejoraran las condiciones para los ciudadanos”, apuntó.

En la primera emisión quedó claro el abordaje del origen de la migración mexicana y la conformación de la identidad chicana, esperamos ver más del origen de otras comunidades latinas, dijo por su parte Rhina Ramos, activista laboral salvadoreña radicada en California.




La versión original de este artículo fue publicada en El Diario de Hoy.

Friday, December 27, 2013

Pequeño comentario de mi primer voto desde el exterior


La dependiente revisó de nuevo la esquina superior derecha del sobre celeste. Hizo una mueca y lo colocó junto al resto de correspondencia.

Yo estaba atendiendo a mis hijos pero mi suegra le insistió: “No se necesita pagar, es un servicio prepagado del país”, le explicó. “Ok”, respondió y llamó al siguiente usuario. Es la oficina del correo de Bath Beach, una de las más ocupadas del suroeste de Brooklyn. Aquí he visto depositar desde cajas más grandes que personas, llenas de ropa de segunda mano, carteras que valen más que un mes de renta… hasta empleadas de tiendas asiáticas entregando decenas de cajitas con pedidos. 

Junto a todas esas encomiendas, allí va mi primer voto desde el exterior.

El paquete electoral llegó de sorpresa en la semana de la Navidad; digo sorpresa porque recién había leído que el TSE había terminado de  hacer los envíos el 4 de diciembre. Pero llegó. Antes de pensar en mi propio voto, comencé a rastrear con activistas salvadoreños dispersos por el país, quienes me confirmaron que algunos compatriotas no sólo ya lo habían recibido, sino enviado de vuelta a El Salvador.

Entonces debo apurarme, pensé. Pero llegó la Nochebuena con sus preparativos y movilizaciones, además la temperatura cayó varios grados bajo cero y no me animaba a enfrentar, además el vientecillo de la bahía.

Ayer, aprovechando que mi suegra trajo algunos encargos, fuimos hasta la oficina del correo. Aunque procuro estar informada para no cometer errores, hay muchas cosas que no sabía, por ejemplo, que ya viene la papeleta para la segunda vuelta, que a los compatriotas que señalaron que no pueden escribir ni firmar  les enviarían la tinta especial y que supuestamente no debe depositarse en el buzón sino entregarse a la dependencia. Esos detalles que servirán para corregir la tarea en el camino.

El proceso para votar por la vía postal es fácil. Aquí hay un pequeño video.

Los encargados de redes sociales del TSE tomaron mi foto –como la de otros compatriotas-, entregando mi sobre celeste en el correo. Resultó interesante leer los comentarios, algunos muy mezquinos por cierto, denigrando a los salvadoreños que vivimos en el exterior. Otros me preocuparon porque señalaban que había que pagar para que los sobres no quedaran en espera con el trajín de la correspondencia de fin de año. El servicio  postal en Estados Unidos es eficiente y seguro –aunque todavía me da miedo eso de enviar y recibir cheques-, así que no creo que eso pase.

En la fotografía del primer voto enviado desde el extranjero es evidente que no se necesita pagar más.

Mi hija de cinco años me preguntó qué estaba haciendo con el famoso sobre celeste. Le expliqué y recordamos la vez que acompañamos a su papá a votar en la escuela secundaria de New Utrecht para elegir el nuevo alcalde de Nueva York.

Seguro son conceptos aún elevados para ella, pero hemos sembrado la semilla de nuestros derechos y deberes como ciudadanos. ¿Cambiaremos el destino de sus dos países? ¿Sirve de verdad invertir todo ese tiempo y energías para emitir el voto? Confiamos en que sí.
Venezolanos, mexicanos, ecuatorianos lo hacen desde hace años; éstos últimos hasta eligen legisladores.


Si bien la inscripción de los votantes salvadoreños en el exterior apenas es representativa –menos del 1%- es un buen ejercicio, de justicia, dicen unos, de democracia, dicen otros. Creo que el país ha avanzado en la dirección correcta, aunque todavía queda mucho por hacer para realmente acercar el gobierno y las instituciones a quienes vivimos afuera. 


Saturday, December 21, 2013

Desvaríos en torno a la doble nacionalidad de mis hijos



En El Salvador existe la tendencia que familias con bastantes recursos –o los suficientes deciden buscar otro país para que nazcan sus hijos, con el objetivo de que más adelante tengan “mejores” opciones para desarrollarse social y profesionalmente.

Uno de cada cuatro salvadoreños vive en Estados Unidos; y aunque la crisis económica ha puesto en dudas eso del “sueño americano” -para muchos sigue siendo mucho mejor que ese territorio estrecho, hermoso, violento y opresor que tenemos por patria.

Un pasaporte estadounidense es una llave para el mundo, aunque no es de “facto”. Hay madres mexicanas que arriesgan la vida para pasar “al otro lado”, casi en trabajo de parto, para que sus hijos nazcan allí y puedan tener beneficios médicos, sociales, académicos... aunque nada de ello es automático ni expedito: se tiene que llenar requisitos para poder calificar...

Los salvadoreños somos indeseados en cualquier parte: conseguir visa para México, Estados Unidos o Canadá es casi imposible para el común de los mortales. De España nos regresan allí mismo del aeropuerto si no mostramos el seguro de viaje que no-es-obligatorio-pero-sí que indique que no vamos a quedarnos ilegalmente. Exigimos trato humano y civilizado pero somos inhumanos e incivilizados con los extranjeros que hacen de nuestros 21,000 kilómetros cuadrados su nuevo hogar.

Por derecho, mis hijos tienen doble nacionalidad. Nuestra hija nació en El Salvador y si bien la ciudadanía estadounidense le viene directo, no es automática: se deben llenar requisitos y, si uno falta, pues no hay pasaporte. En el caso de nuestro hijo menor, la nacionalidad salvadoreña sólo depende de la inscripción ante el Consulado de la ciudad donde nació. Digamos que no hay que llenar requisitos sino hacer un trámite.

Los consulados salvadoreños en el exterior -como los consulados de todo el mundo-, tienen una fama que les antecede. A mí sencillamente me da miedo tener que depender de ellos para un trámite urgente o de vida o muerte. Había decidido no ir nunca -como si eso fuera una opción- pero mi pasaporte caducó.

Aproveché que fui a hacer una entrevista a la Misión Permanente de El Salvador ante la ONU -que comparte espacio físico con el Consulado- e hice cita para renovar el pasaporte. Pero además quería registrar a mi hijo como salvadoreño. Pero ¿para qué? me han preguntado varias personas. ¡Si con ser estadounidense basta y sobra!

Digamos que hay cosas inútiles para un salvadoreño que también tiene nacionalidad estadounidense: por ejemplo el pasaporte. Además, las leyes más recientes han “endurecido” los requisitos para sacarle pasaporte a un niño... todo porque antes esas mismas leyes permitieron abusos y violaciones a los derechos fundamentales, especialmente durante la guerra. A mí sólo me resulta “impráctico” por el tiempo que hay que invertir, el dinero, la movilización en tren, etc.

Entonces ese día iba dispuesta a todo: hacer una entrevista sobre una exposición de arte salvadoreño en la Misión; renovar mi pasaporte ($60), actualizar mi Documento Único de Identidad (DUI, $35) para poder votar en las elecciones presidenciales y legislativas de 2014 y efectuar el registro de nacimiento de mi hijo newyorkino.

Los registros de salvadoreños en el exterior son gratuitos si se realizan antes de los seis meses después del nacimiento; de lo contrario la multa es de $5 y si uno quiere una copia de la certificación cobran otros $10.

Lo pude todo, menos el DUI -porque no me alcanzó el dinero- y el registro del niño, ya que no entendí que necesitaba la partida de nacimiento de mi esposo, además de su pasaporte. Y bueno... ya para qué.

Nunca antes le había dado tanta vuelta en mi cabeza al asunto de la doble nacionalidad, de si realmente es importante. Entonces recordé todos los problemas que han tenido mis tías y parientes que salieron del país siendo jóvenes, y nunca se ocuparon de hacer los registros pertinentes a su cambio de estado familiar -matrimonio, divorcio, viudez- y se toparon con grandes problemas a la hora de tener que resolver asuntos de herencias y beneficios.

Carlitos podría ser presidente de Estados Unidos, pero no podría comprarse un rancho en la playa en El Salvador. Y eso no se vale. Si más adelante él quiere involucrarse cultural, social, económica o políticamente con el país de sus padres -o no- será su decisión. Creo que mi obligación es otorgarle el derecho para hacerlo.

En países como este, donde hacer trámites por internet es lo normal si se paga un poquito más pero se evita pérdida de tiempo y bilis, se permite ordenar una partida de nacimiento de otro estado y llega sin dramas por correo postal.

Así que volví al Consulado dos semanas después, en jornada extraordinaria de sábado: hice las fotos de la exposición de arte que había sido inaugurada un día antes y tramité mi DUI -es la primera vez que los salvadoreños podremos votar desde el exterior. Me cercioré de tener todos los documentos e hice el registro del niño... como no necesito su partida de nacimiento, por ahora, dejaré que el trámite siga su curso normal de un mes; cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores notifique a la Alcaldía de San Salvador que ya está listo, le pediré a mi madre que vaya y la pida.

Habiendo terminado mis vueltas, contenta y casi de salida, encontré una familia de inmigrantes salvadoreños que tramitaba el pasaporte a sus dos niñas mayores. Se trataba de niñas que fueron traídas de forma ilegal, en una época anterior a las historias de horror y pesadillas que muchos vivieron para “pasar”. El hermanito menor ha nacido aquí y, por ende, “no necesita el pasaporte salvadoreño”, me dijo la madre.

Mezclando inglés y español, como suele ser la conversación con las nuevas generaciones, el niño se pronunció con aire de superioridad ante sus hermanas: “Yo no soy salvadoreño, soy americano”.

Y así respondo a mi estúpida duda: “Para que mi hijo no piense de esa manera”.


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Actualización: Hoy, 21 de diciembre, la madre de mi esposo viajó después de casi un año a visitarnos. Nos trajo algunas cosas valiosísimas para sobrevivir en el invierno que apenas comienza: café del occidente de El Salvador, regalitos de la familia y un aceite de alcanfor, mentol y romero para descongestionar narices... y además, la partida de nacimiento del niño. El registro se tardó un poco más de lo normal -se tardó casi tres meses- porque hubo un error administrativo en el procesamiento, el cual fue subsanado. Y aquí la tenemos: esta Navidad estamos regalándole su doble nacionalidad. 


La versión original de este artículo fue publicada en el blog Baby ¡boom! de El Observador