Friday, April 7, 2017

Charly, nunca te mueras


Carmen Molina Tamacas

El algoritmo pernicioso que le permite a Facebook conocer nuestros deseos, desde los más sublimes hasta los más oscuros y perversos –como dicen Les Luthiers- me advirtió hace un par de meses de algo que nunca hubiera podido imaginar: Charly García, en concierto, 25 de abril. Nueva York.

Siempre lo seguí. Desde que grababa sus canciones –a la cuenta de 3, 2, 1 en la radio Super Stéreo-, desde que no pude ir al único concierto cerca de El Salvador –Antigua Guatemala, abril de 2004- su secuencia de colapsos, excentricidades y su proceso de “rehab”. Me sorprendí al ver la transformación que ha dado mucho de qué hablar en los medios argentinos, primero, con novia jovencísima abrazada por la cintura y luego poniendo el broche de oro al cierre del festival por los Derechos Humanos en Buenos Aires, Argentina –diciembre de 2010. Su voz cortaba como tijera enmohecida el ambiente caldeado por decenas de miles.

Cuando había perdido la esperanza aparece ante mí el poster de 60x60 y su gira. A 45 minutos de mi casa y unos 55 dolaritos. Demasiado bueno para ser verdad.

Y llegó el día. Logística paterna solventada, punto de encuentro: Times Square. Ese lugar donde uno no puede cerrar la boca ni los ojos… en un pestañazo puede ser arrastrado por la policía montada, un newyorkino apurado o una horda de turistas que persigue al Gato con Botas para una foto. Allí, en la esquina de Broadway y la calle 44, a unos pasitos de la famosa Bola de Cristal que anuncia la llegada del año nuevo, nos atrapó el olor a empanaditas.

Nuchas, un quiosco de panadería artesanal de origen argentino, aprovechó la enorme cola formada ya pasadas las 7:00 de la noche, pero con los últimos rayos del sol primaveral para promover sus productos. “Nos vemos en el recital”, decía el camarero improvisado, repartiendo rellenitas de pollo y vegetales a los hambrientos.

El Best Buy Theatre es un pequeño laberinto subterráneo que desemboca en un moderno espacio para 2,100 personas. Una sección de butacas presidía una duela llena y un escenario con un piano de cola, un teclado y unos maniquíes ante un público “maduro”. Nada de chiquillos.

Banderas argentinas por aquí y por allá, gritos desaforados ante la presencia de algún famoso –en Nueva York pudiera ser cualquiera- y latas de cerveza acumulándose hasta las 8:30 de la noche, después que una muy breve prueba de sonido y luces dio paso a una secuencia de portadas, fotos, dibujos y sombras que no cualquier artista tiene: un medio siglo de Charly García.

Y comenzó potente, todavía a oscuras, con los acordes de “Fanky” (Cómo conseguir chicas, 1989) enloqueciendo a todos, que saltábamos tratando de mantener la cámara enfocada y no perder detalles del maestro, sentado en el piano de cola. “No voy a parar”, fue lo primero que dijo. Y después “¡Buenas noches New York!”.

Él mismo y su banda "La Prostitución" vistió sobretodos caquis y de la pantalla gigante se desprendió el clásico parche con su firma para portarlo en su brazo derecho.

El repertorio fue un menú demasiado suculento, demasiado clásico para no creérselo. Mr García, como le llama The New York Times. Charly el viejo, Charly el joven, Charly el loco, Charly el que regresó.

Y no cualquiera lo logra. Pero sobrevivió de las luchas contra él mismo y sus demonios –drogas, alcohol y quién sabe qué más- y volvió con la voz machacada –como le pasó a Sabina, como le pasaría a Cerati- con su espectro recargado. Quizás por eso de inmediato amarra con fuerza uno de los hilos que tiene atado a Luis Alberto Spinetta con este mundo. “Rezo por vos”.

Una pareja de bailarines deshizo sombras de colores al ritmo exquisito y tanguero de “No soy un extraño” (Clics modernos, 1983) y el público recargó energías para gritar y aplaudir con “Yendo de la cama al living” (1982) y “Cerca de la revolución” (Piano bar, 1984).

Solo YouTube es mi testigo en este momento de cómo fue Charly y sus conciertos antes de superar décadas de angustias y anfetaminas. No sé cómo fue… pero este Charly está rechonchón con lo que hace, se enoja si le ocurre algo al piano y llama a los técnicos para que lo reparen, se le bajan los bifocales de abuelo parrandero y sólo se los acomoda para seguir tocando, empuja a sus músicos para que no le teman al “monstruo”, y trastrabillea entre los cables y se golpea los muslos con el teclado pero mantiene el aplomo.

Después de un intermedio extraño –“dos minutos y medio”, bromeó- que mostró fragmentos de la cinta “Un perro Andaluz”, de Luis Buñuel, con algunos fragmentos de sus letras, llegó el tiempo para “Pasajera en trance” (Demasiado ego, 1999), “Los dinosaurios” (Clics modernos), “Influencia” –“esa canción la hice mía”, reafirmó- y “Demoliendo hoteles”, después de una despedida que nadie se creyó, en ruta a lo que nadie quería, un gran final.

“This is the first song that I wrote”, dijo, y quiso convencernos que ya era hora de ir a dormir: “Después de esto no hay más, no queremos más. Esto fue perfecto”.

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En una entrevista reciente en Mundo Casella, demasiado lúcido, mostrándose como una enciclopedia de la genial distorsión artística que le corre por las venas –“Yo estudiaba música clásica, no me gustaba mucho lo popular y cuando escuché Los Beatles me rompí la cabeza”, “Las cuartas y las quintas es una figura que yo uso mucho, en vez de acordes (como) Do Mi Sol le sacás la tercera y que da Do y Sol, entonces el acorde no es mayor ni menor, esa canción tenía eso, como ‘Love me Do’, “Y de Los Beatles me robé… la atmósfera”, “Yo creo que uno florece como artista en esa época (adolescencia) y después recuerda. Muchas canciones que fueron éxitos como ‘Seminare’ de Serú Girán, son pedazos de melodías que yo ya tenía hechas”, “Rasguña las piedras es el antecesor de ‘The Wall’ lo que quería decir era eso, el muro que te iba levantando la sociedad y vos mismo”, “Casi todas las bocinas están en Si bemol, que es la nota particularmente irritante”, “La Negra (Mercedes Sosa) era la gran intérprete mía. Hicimos un álbum con todas canciones mías, nos queríamos muchísimo”. Sobre esa primera canción que escribió, hace 40 años, Charly cuenta: “Nosotros (con Nito Mestre) no le teníamos fe a esa canción. La compuse en la terraza del hospital militar porque había fingido un soplo cardíaco… para fingir los síntomas mi mamá me traía anfetaminas. ¡Yo no sabía qué eran! Un día me tomé un par, qué se yo y me empieza ‘bum, bum’ el corazón y tuve que ir a la terraza a correr. Cuando volví, estaba en la cama, hice un pentagrama y ahí salió ‘Canción para mi muerte’. En el longplay ‘Vida’ de Sui Géneris hay muchas canciones que hablan de cosas que yo no conocía, que me pasaron después…”.

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Y sí, el cierre fue perfecto. Ojalá que nunca te encuentre en la mañana dentro de tu habitación y prepare la cama para dos.


Monday, March 24, 2014

“Latino Americans”, el rostro de una nación

Carlos Vaquerano, un activista salvadoreño radicado
en Los Ángeles, fue retratado en el documental 
de PBS sobre los Latino Americanos.

Un documental de cinco horas explora las raíces, el rol y el legado de los latinos en Estados Unidos. La serie, que ha causado mucha expectativa y abona al movimiento social que demanda una reforma migratoria integral, fue estrenada esta semana y los primeros capítulos, que abarcan de 1500 a 1800 está disponible en el canal de YouTube de PBS.

Carmen Molina Tamacas



“Es un largo y poderoso surco que mis pobres manos han arado/Mis pobres pies han recorrido un largo camino polvoriento/En el borde de sus ciudades nos verá a continuación
Venimos con el polvo y nos hemos ido con el viento./Esta es tu tierra, y mi tierra, y de ustedes/Desde California hasta las islas de Nueva York/Esta es tu tierra, y mi tierra, y de ustedes.”

En la voz de la cantante de origen mexicano Lila Downs, los versos de “Pastos de mi tierra” marcan el inicio de la introducción de “Latino Americans”, un documental sin precedentes que explora las raíces, el rol y el legado de los latinos en esta nación de inmigrantes.

“Latino Americans” es una ambiciosa producción audiovisual del Public Broadcasting Service (PBS); dura seis horas y está dividida en capítulos que dibujan el legado latinoamericano en el ámbito social, cultural, político y artístico en 500 años de historia. “Narra la rica y variada historia de los latinos, que han ayudado a moldear nuestra nación y se han convertido, con más de 50 millones de personas, en la minoría más grande en los Estados Unidos”, reseña el libro homónimo de la serie escrito en 18 meses por el periodista Ray Suárez, jefe de la corresponsalía nacional de PBS Newshour..

El documental contiene más de 100 entrevistas a importantes personalidades de diversos ámbitos, como los octogenarios Herman Badillo y Dolores Huerta, el primer congresista boricua de Nueva York y la activista por los derechos de los trabajadores agrícolas, respectivamente. Asimismo, la actriz puertorriqueña Rita Moreno, única ganadora de los premios Oscar, Tony, Emmy y Grammy.

Cuenta además con aportes de destacados historiadores y académicos como María Cristina García, Vicky Ruiz y David Montejano; la cantante cubana Gloria Estefan, pionera del “crossover” y otras estrellas del pop como Ricky Martin. Entre los periodistas entrevistados figuran María Elena Salinas, presentadora del noticiero en español más visto en Estados Unidos, Univisión.
La narración está a cargo del actor Benjamin Bratt, actor de origen peruano-alemán, premiado varias veces por su rol en la serie de televisión “Law & Order”. En un comunicado oficial, PBS reconoce que la diversidad de la experiencia latinoamericana en Estados se refleja no sólo en las entrevistas sino en el staff de cineastas.

“El equipo de producción, la mayoría del cual son latinoamericanos, incluye personas de origen mexicano, puertorriqueño, cubano, salvadoreño y dominicano. Además de Bratt como narrador, la banda sonora para Latino Americans está a cargo de Lila Downs, Joseph Julián González y Claudio Ragazzi”, apuntó la fuente (ver recuadro).



Heroísmo y riesgo

El documental fue estrenado el martes de esta semana en todo el país como parte de las celebraciones por el Mes de la Herencia Hispana. Durante la presentación en Nueva York, en el Museo del Barrio (East Harlem, en el Alto Manhattan), la productora Adriana Bosch explicó que al tratarse de un trabajo de tal magnitud, abarcando cinco siglos de historia, tenían que ingeniárselas para estructurar un guión justo y armonioso. Era imposible realizar, por ejemplo, una hora con el aporte de los ciudadanos de un determinado país.

“Buscamos las interacciones de los latinos en los momentos cruciales de la historia de Estados Unidos, para ello tuvimos que encontrar los mejores personajes”, indicó, al tiempo que advirtió que muchos de los eventos o personajes que uno esperaría ver en un documental sobre la historia de los latinos simplemente podrían no estar  incluidos.

El panel también incluyó a Juan González, uno de los periodistas latinos más reconocidos de Estados Unidos y al mismo Suárez, quien se desempeña como Jefe de la Corresponsalía de PBS Newshour.

Ante la pregunta de Yoseli Castillo Fuertes, profesora y autora del libro “De eso sí se habla. Of that I speak”, quien pidió una guía para abordar el documental con sus estudiantes de el Bronx, los panelistas destacaron la participación de los jóvenes en las huelgas y marchas estudiantiles de 1968 en East Los Ángeles, quienes demandaban servicios educativos bilingües, “se trató de gente joven tomando las riendas de su futuro”, como indicó Suárez.

El documental “Latino Americans” ha desatado una fiebre alta y una gran expectativa en diversos ámbitos y le inyecta energía al movimiento social que demanda una reforma migratoria integral, cuya aprobación está sujeta al estira y encoge de los políticos que dudan de crear una legislación que dé una vía para la ciudadanía para unas 11 millones de personas que carecen de estatus regulado.

La antesala del estreno estuvo marcada por una “Twitter Party”; una de las co-anfitrionas fue la salvadoreña Ana Flores, fundadora del sitio web SpanglishBaby, que promueve la educación bilingüe. “Soy de la segunda generación. Mis padres llegaron aquí como diplomáticos de El Salvador. Mi hermana y yo nacimos en Houston”, escribió en un tuit. “La inmigración está en el corazón de la experiencia Americana, y una parte central de experimento democrático de larga data que es los Estados Unidos”, añadió.

La fiesta virtual fue organizada por la consultora cultural Neyda Martínez. Reunió a decenas de tuiteros latinos en todo Estados Unidos y la conversación, que registró más de tres mil tuits en menos de una hora (según Topsy.com), fue colmada de intervenciones relacionadas con la búsqueda de la identidad entre dos mundos y reafirmaciones de orgullo ancestral.

El día del lanzamiento, el “feed” de Twitter también estalló.

El capítulo debutante se titula “Extranjeros en su propia tierra” y abarca de 1500 a 1800, cuando los primeros exploradores españoles ingresaron a Norteamérica, expandiéndose en los territorios del Suroeste, que habían sido hogar de los Nativoamericanos. Hace un recuento además de las colonias británicas y españolas así como la guerra territorial entre Estados Unidos y México de 1848.

De acuerdo con las notas de prensa de PBS, el segundo capítulo, “Imperio de sueños” documenta cómo la población estadounidense comienza a cambiar -a partir de 1880 hacia 1940- con la llegada de cubanos, mexicanos y puertorriqueños, quienes comenzaron a construir fuertes comunidades en el sur de Florida, Los Ángeles y Nueva York.

La tercera parte; “Guerra y paz” se mueve en la Segunda Guerra Mundial y los años siguientes, donde cientos de miles de latinos sirvieron en la milicia, no obstante enfrentando discriminación y luchando por derechos civiles.

“Los nuevos latinos” se titula el cuarto episodio, que destaca la abultada migración de Puerto Rico y República Dominicana desde la posguerra hasta el inicio de los años 60 en la búsqueda de mejores oportunidades económicas. “Prejuicio y orgullo”, o quinto capítulo, detalla la creación de la orgullosa identidad “Chicana”, mientras líderes sindicales organizaron a los trabajadores agrícolas de California y activistas pujaban por mejores oportunidades educativas, la inclusión de los estudios latinos y el empoderamiento en el proceso político.

“Peligro y promesa” recorre los últimos 30 años, con una segunda ola de cubanos llegando a Miami durante el éxodo de Mariel y con cientos de miles de salvadoreños, nicaragüenses y guatemaltecos huyendo de los conflictos internos y guerras hacia una nueva tierra, transformando a los Estados Unidos en el camino.

“El debate sobre los inmigrantes indocumentados aflora, con una reacción que eventualmente incluye llamados para apretar las fronteras, leyes para hacer del inglés la única lengua autorizada y los esfuerzos por etiquetar a los inmigrantes indocumentados como delincuentes. Simultáneamente, la influencia latina está impactando en la música, los deportes, la prensa, la política y el entretenimiento. El más grande y joven sector en crecimiento de la población estadounidense, los Latino Americanos, determinarán el éxito de los Estados Unidos en el Siglo 21”, añaden los realizadores.



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Carlos Vaquerano, reflejo de la migración salvadoreña en EE.UU.

El sexto y último capítulo de la serie “Latino Americans” de PBS usó la historia de un inmigrante salvadoreño para concatenar las piezas históricas y los desafíos que representa este momento para Estados Unidos.


Carmen Molina Tamacas



“Hijo, usted se tiene que ir”. Con esa sentencia materna, Carlos Vaquerano, apenas siendo un adolescente en Apastepeque, San Vicente, entendió que su vida en realidad estaba en peligro y que debía buscar la manera de sobrevivir.

Era apenas el inicio de la locura, del conflicto armado en El Salvador. Como él, cientos de miles de salvadoreños vieron en el Norte la única salida posible para garantizar un mejor porvenir. Lo mismo para guatemaltecos y nicaragüenses que huían de los conflictos en sus países.

Vaquerano ya había visto morir a amigos y compañeros de estudios, por eso no dudó en emprender la odisea para llegar, indocumentado, a Estados Unidos.

Se le quiebra la voz y le brotan las lágrimas al recordar el sufrimiento de dejar a su familia y la zozobra que vivió en los 40 minutos que el “coyote” tardó en hacerlo pasar, escondido junto a otros dos jóvenes, en un camión GMC de Tijuana a San Diego.

“Yo quería gritar ¡‘Aquí estoy, aquí estoy!”, cuenta. Al día siguiente fue llevado a una casa de seguridad y luego a Los Ángeles, y la primera comida que tuvo fue en un McDonald’s, recuerda..

El testimonio del salvadoreño es el plato fuerte de “Peligro y promesa”, sexto y último episodio de “Latino Americans”, un documental que ha sido estrenado este otoño por el Public Broadcasting Service (PBS) que esboza la diversidad de la experiencia latinoamericana en Estados Unidos.

Su relato ilustra las complejas circunstancias que obligaron a cientos de miles de centroamericanos que durante los años 80 dejaron sus hogares y salvarse de los enfrentamientos que asolaron pueblos enteros.

Se calcula que unos dos millones y medio de salvadoreños vive en Estados Unidos; de ellos un poco más de 200 mil están amparados al Estatus de Protección Temporal (TPS).

La historiadora María Cristina García brinda luces sobre el contexto de esta época; porque el capítulo final de esta serie de PBS muestra el rol del gobierno de Estados Unidos en el mapa geopolítico centroamericano, y las consecuencias de las leyes y medidas internas que pretendían frenar la inmigración masiva.

Desde la Amnistía general firmada por el Presidente Ronald Reagan en 1986, la conformación del escuadrón “Minute man” hasta la promulgación de leyes antiinmigrantes en el estado de Arizona, el capítulo da una perspectiva del momento crucial que ha vivido la población latina en Estados Unidos en los últimos 30 años..

Además de la deuda pendiente de la administración Obama -por el entrampamiento que ha sufrido la reforma migratoria- los académicos entrevistados destacan que este momento histórico es crucial, pero que se requiere el empoderamiento de la población latina para demandar inversión social, especialmente en el área de educación.

Y es ese precisamente el rubro en el que Carlos Vaquerano dedicó su trabajo. El documental señala que a partir de 1994 ayudó a los refugiados salvadoreños y ahora es parte del directorio de la Salvadoran American Leadership  & Education Fund (SALE), cuyo objetivo es promover la participación y representación de los salvadoreños y otras comunidades latinas en Estados Unidos, así como promover el desarrollo y la democracia en El Salvador.

El capítulo final de “Latino Americans” fue proyectado este martes y en V-me, la versión en español de PBS, será transmitido el próximo viernes.

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Una salvadoreña entre los productores

La cineasta y periodista salvadoreña Nina Álvarez formó parte del staff de productores del documental “Latino Americans” de PBS.

Nina está radicada en Nueva York y su experiencia abarca desde la producción noticiosa hasta los documentales. Comenzó su carrera en ABC News en 1993 y desde entonces ha trabajado en Estados Unidos, América latina, Medio Oriente, Asia Central y África. Entre las producciones recientes en la que ha trabajado figuran Wich Way Home, un documental de HBO nominado para los premios Oscar y ganador de un Emmy que siguió el periplo de un grupo de jóvenes centroamericanos hacia Estados Unidos.

En Latino Americans, Nina aportó en la producción del capítulo 4, que aborda las migraciones caribeñas a la costa Este estadounidense. Ese apartado, titulado “De Marine Tiger a Nuyorican: Esperanzas frustradas y recuperadas, 1946-1970”.

De acuerdo con PBS, el capítulo recoge desde las promesas tempranas que motivaron la masiva migración de Puerto Rico a Nueva York, la decepción que siguió para muchos y la lucha que resultó para lograr un lugar en la ciudad que condujo a nuevos movimientos culturales, políticos y sociales, lo cual motivó una era transicional entre 1946 a 1970.



La historia es cíclica

El estreno ha merecido ya varias reseñas, comentarios y críticas en la prensa local.
“Poderoso primer episodio de #LatinosPBS debería recordarnos las raíces de larga data de los fanáticos antiinmigrantes en Estados Unidos”, escribió en su cuenta de Twitter Claudio Remeseira, autor del libro y el blog Hispanic New York.

Me parecieron interesante los dos primeros episodios. Lo cíclico de la historia es evidente.
Aun estamos a la espera de ver más alla de los mexicanos, cubanos y puertorriqueños.
Es una buena guia de estudio para cualquier persona que esté interesada en conocer sobre la historia de los hispanos”, dijo por su parte el salvadoreño Luis Montes, residente en Long Island.

“Quedó en evidencia lo diverso de la hispanidad en los Estados Unidos. Si bien hemos logrado corregir muchos errores históricos, aún queda mucho por hacer. Las razones del inicio de las deportaciones en los años 30s, recordó mucho a las posiciones actuales del Tea Party, culpando a inmigrantes por la faltas de trabajo y creyendo con la deportación se mejoraran las condiciones para los ciudadanos”, apuntó.

En la primera emisión quedó claro el abordaje del origen de la migración mexicana y la conformación de la identidad chicana, esperamos ver más del origen de otras comunidades latinas, dijo por su parte Rhina Ramos, activista laboral salvadoreña radicada en California.




La versión original de este artículo fue publicada en El Diario de Hoy.

Tuesday, March 11, 2014

Educación sin estereotipos, o por qué me cagaron SkyppyJon Jones


Una de las pocas tiendas por departamentos cerca de mi casa es Marshals. Siempre es un caos. Ahora, después de mucho sufrimiento, me imagino, cada crema, cada perfume, cada loción tiene una llave de seguridad para impedir que la gente simplemente los abra, los use o se los robe. La ropa está tirada y desordenada, la fila de las cajas es simplemente insufrible. Pero vale la pena, de vez en cuando, para hallar cosas a precios increíbles.

En alguna de esas visitas fortuitas, para aguantar la tortura, busqué un libro para mi hija -los pobre libros también están destruidos, algunos datan de centurias pasadas y no se entiende cómo es que todavía están a la venta. Los dibujos tienen colores brillantes y llamativos, y como somos amantes de los gatos, la lectura prometía: Skyppyjon Jones.

En la primera y fugaz lectura, vi que se trataba de un libro en "spanglish". O algo así. Y me pareció divertido. Algo más para nuestro hogar híbrido, donde se lucha por conservar el español, la lengua materna oprimida por el uso hegemónico del inglés.

Me resultó divertida la historia del gatito siamés que al saltar y saltar en su cama, encuentra a su alterego en el espejo: un chihuahua. Y mi closet ha emulado el mundo de aventuras en el que vive... también estalla como piñata de vez en cuando.

Esta semana vino el catálogo de la feria de libros que se llevará a cabo en la escuela, en la misma semana de entrega de notas. Le di la hija a mi hija y, en mi infinita sabiduría, le sugerí que se decidiera por el nuevo cuento del tal Skippyjon Jones. Desde luego que no, ella escogió a "Doc McStuffins", una hermosa niña morena que es veterinaria. El libro cuenta cómo el juguete favorito de Doc McStuffins es una sirenita llamada Melinda.

Skippyjon está a precio de feria. Así que fui a Amazon a comparar precios y realmente vale la pena. Y como un link lleva a otro, me sumergí en el mundo del famoso siamés. Su creadora, Judy Schachner, ha creado un verdadero negocio con el personaje; no sólo es una serie interminable de aventuras, sino juguetes y ropa. Y todo, a partir de su propia mascota. Sí, Virginia, ¡existe Skippyjon Jones!

En la noche, le mencioné a mi esposo el asunto de la feria de libro, y al final, que sea la niña que decida cuál libro quiere -ojalá que no sea de Princesas... ese será tema de otro post. Él, hijo de padres salvadoreños nacido en Florida, tiene una herencia híbrida: transita entre dos culturas de forma permanente -anglo e hispana- con un vehículo ágil y compacto... el spanglish.

Hablar en español y usar verbos o sustantivos no es lo mismo que hablar spanglish; es hablar en inglés predominantemente y usar el español para enfatizar. Como él dice, sus reuniones de trabajo con latino-americanos, "de negocios en inglés, emociones en español". Para mi, una "outsider", es maravilloso tener esa flexibilidad cerebral.

Entonces tocamos el tema de Skippyjon. "Yo realmente no lo entiendo", me quejé. Por la construcción gramatical, porque tiene términos inventados, porque... "¿A caso no es latina la autora?", me preguntó. Y no, es una mujer blanca, de Massachusets. Comenzamos a analizar el asunto, a buscar referencias. El asunto se tornó más grave de lo que pensábamos: en la corriente defensora de las lenguas maternas, que buscan preservar el español, creando libros hermosos bilingües... el tal gato-chihuahua es considerado de la peor lacra racista, una apología al estereotipo de los latinos... convertido en industria.

En el sitio web DeColoresReviews.comBeverly Slapin hace un análisis detallado de la evolución de algunos famosos estereotipos latinos en la sociedad anglosajona que explican la razón de ser de Skippyjon. Desde Speedy González (1953), Frito Bandito, la mascota de las tostadas de maíz (1967) hasta el perro Chihuahua de la cadena multinacional Taco Bell.

La verdad, me da vergüenza. En varios foros de padres, algunos preguntan si de verdad es tan grave la cuestión y no sería mejor no buscarle tres pies a este gato sabiendo que tiene cuatro: se trata de historias chistosas que despiertan la imaginación infantil. Pero no, muchos opinan que es una forma de acostumbrar a nuestros niños a aceptar las burlas, a pasar por normal la degradación de nuestra cultura, de nuestro idioma.

Por opción, mi canasta básica carece de muchos ítems básicos e indispensables para otras mujeres, como maquillaje, tacones, citas con la estilista y esmalte de uñas. Vengo de un país donde los libros son caros, se estudia con fotocopias y se conforma con lo que hay.

Aprendí la lección. No sólo dejaré que mi hija elija qué libros quiere sino que trataré de documentarme un poco antes de tomar la decisión (Si no son las Princesas Disney, claro está.



Monday, December 30, 2013

Volcanes de El Salvador: cuando la tierra eructa

Volcán de San Miguel. Foto: Roque Mocán Quan

Ayer, 29 de diciembre de 2013, hizo erupción el volcán de San Miguel, conocido como Chaparrastique.
Si bien la capacidad técnica del país ha mejorado de forma acelerada en cuanto al monitoreo de los fenómenos naturales, sabemos que es prácticamente imposible predecir el momento en que uno de los 21 volcanes activos despertará.

Y, cada vez que lo hacen, dejan una estela de muerte y destrucción. Mi abuela contaba cómo ella había nacido "en la ruina de Quezaltepeque", es decir, la erupción del volcán de San Salvador, en 1917. La lava corrió en dirección noroeste y su manto negro permanece impasible, bautizado como "El Playón".

Nuesta generación y la de nuestros padres son sobrevivientes, eso sí, de terremotos y tormentas tropicales. Entre los sismos más letales figuran los de 1965, 1986 y los de enero y febrero de 2001. Tormentas con gran poder de destrucción se registran prácticamente cada año pero hay algunas han dejado profundas huellas en la memoria, como el huracán Fifí de 1979, el Mitch de 1998, la tormenta Stan de octubre de 2005, la cual se desarrolló la misma semana de la erupción del volcán de Santa Ana, en el occidente del país. La serie de lluvias más intensa ocurrió en 2011, con el nombre de tormenta tropical 12E.

No deberíamos asombrarnos. La actividad volcánica ha marcado no sólo la geografía de nuestro país sino el mismo desarrollo social desde hace cientos de años. Ahora nos informamos al instante por las redes sociales, las transmisiones en vivo, comentamos, especulamos con los bienes imprescindibles como las mascarillas... con el estallido prehispánico de los volcanes Laguna Caldera o Ilopango nuestros antepasados sólo tuvieron oportunidad de correr... y quizás ni eso.

Los desastres suceden, uno tras otro. Aquí una muestra de las catástrofes que han asolado durante un siglo a la ciudad de San Vicente

Ahora, cada uno de estos eventos nos recuerda que la naturaleza es cíclica y que la ausencia de planificación (ordenamiento) ha hecho y hará del país un territorio vulnerable y por los siglos de los siglos. Ha habido avances importantes, pero la falta de criterio de los políticos cortoplacistas sigue imponiéndose sobre el sentido común: la población sencillamente no debería vivir a las orillas de los ríos o en las laderas volcánicas. Pero ante un crecimiento demográfico desbordado y la ausencia de regulaciones sobre la vulnerabilidad del territorio habitable, no queda más que resignarse.

Esto ya lo han comprendido los habitantes de los caseríos aledaños a los cráteres de los volcanes de El Salvador: hay que resignarse a vivir con el temor en la espalda, porque las tormentas pasan y la vida renace. En ese entonces, la actividad del volcán crecía y las autoridades les adviertieron que debían evacuar. No lo hicieron y en el momento menos pensado, ocurrió.

Después de explorar la vaguada por donde pasaron miles de galones de ácidos volcánicos y lodo hirviendo, buscando una salida desde el cráter, con mi colega fotoperiodista Óscar Machón acompañamos a los residentes de la zona, quienes se habían resistido a evacuar por temor a que sus viviendas fueran saqueadas.

Aquí una crónica con forma de poema, o un poema informativo de lo que sucedió en ese entonces:


III.
María Orbelina camina pesadamente. El trabajo de parto comenzó.
Y cómo no, con el susto. Le faltan 29 días para que nazca su cuarto hijo, pero parece que la hora llegó.
Alguien llegó a sacarla. A ella, a sus hijos, a su suegra, a sus sobrinos, a su tía. Sólo les ayudaron y se fueron.
Es sábado, el primero de octubre, y la abuela queda a cargo de Yamilet, de Cristian y Karina. Todos hijos de la Orbe. De allí en adelante, no les despegará el ojo.
Todo está oscuro. La incertidumbre y el susto pesan en los hombros de familias que se apretujan en los albergues, en San Isidro.
Familias con pánico, familias con niños, familias con viejos. Familias con chivos y gallinas. Los chinearon y empujaron. Rogaron a Dios que el cerro no se les viniera encima.
Todos lo cuentan: así traqueteó la tierra, así vieron la nube que hacía remolinos sobre sus cabezas. Así las piedras incandescentes destruyeron todo: las casas, los árboles, las orquídeas. Destruyeron a dos hombres, y el sufrimiento a dos familias.
Karina sueña con orquídeas y jocotes. Dormita. Su vestidito gris que era blanco. Sus pies que siempre han sido descalzos, mugrientos.
Su hermano tenía las manos frías, como que jugaba con hielo, cuando su abuela lo agarrró para huir.
Porque primero fue el retumbo y, tras él, la erupción.
Dijeron con miedo, a meter las cosas a las bolsas, tres vestidos y unos pañales para los cipotes. Tres costales y una bolsa. La vida en ello.
Que no se duerman, porque vienen las colchonetas. Les han prometido que no dormirán en lo duro.
Pero ya es tarde y en las aulas, yacen las familias, sin más suelo que una manta.
Dionisia es la abuela que envuelve, que vigila, que ruega al cielo para que el volcán se apacigüe. Dionisia no duerme, piensa en la nuera en el hospital, Cristian que se mete las manos sucias a la boca, enYamilet que está descalza, en su hijo que se quedó en el cerro.
Porque hay que cuidar los jocotes, porque en diciembre no habrá corta.
No, por el volcán.
El murmullo de una plegaria, arrinconada entre costales, materializa al Espíritu Santo. Agustín Domínguez lo toca, lo abraza y se aferra.
Hincado, protege a sus hijos.
Las colchonetas llegan con el alba. Y con ella, las ganas de volver.
Llueve y seguirá lloviendo.
Los niños corretearán en los charcos.
Siempre tendrán hambre.
Huirán a las vacunas y se sacarán los piojos.
Me han prometido jocotes para cuando regrese.


Octubre, 2005

Friday, December 27, 2013

Pequeño comentario de mi primer voto desde el exterior


La dependiente revisó de nuevo la esquina superior derecha del sobre celeste. Hizo una mueca y lo colocó junto al resto de correspondencia.

Yo estaba atendiendo a mis hijos pero mi suegra le insistió: “No se necesita pagar, es un servicio prepagado del país”, le explicó. “Ok”, respondió y llamó al siguiente usuario. Es la oficina del correo de Bath Beach, una de las más ocupadas del suroeste de Brooklyn. Aquí he visto depositar desde cajas más grandes que personas, llenas de ropa de segunda mano, carteras que valen más que un mes de renta… hasta empleadas de tiendas asiáticas entregando decenas de cajitas con pedidos. 

Junto a todas esas encomiendas, allí va mi primer voto desde el exterior.

El paquete electoral llegó de sorpresa en la semana de la Navidad; digo sorpresa porque recién había leído que el TSE había terminado de  hacer los envíos el 4 de diciembre. Pero llegó. Antes de pensar en mi propio voto, comencé a rastrear con activistas salvadoreños dispersos por el país, quienes me confirmaron que algunos compatriotas no sólo ya lo habían recibido, sino enviado de vuelta a El Salvador.

Entonces debo apurarme, pensé. Pero llegó la Nochebuena con sus preparativos y movilizaciones, además la temperatura cayó varios grados bajo cero y no me animaba a enfrentar, además el vientecillo de la bahía.

Ayer, aprovechando que mi suegra trajo algunos encargos, fuimos hasta la oficina del correo. Aunque procuro estar informada para no cometer errores, hay muchas cosas que no sabía, por ejemplo, que ya viene la papeleta para la segunda vuelta, que a los compatriotas que señalaron que no pueden escribir ni firmar  les enviarían la tinta especial y que supuestamente no debe depositarse en el buzón sino entregarse a la dependencia. Esos detalles que servirán para corregir la tarea en el camino.

El proceso para votar por la vía postal es fácil. Aquí hay un pequeño video.

Los encargados de redes sociales del TSE tomaron mi foto –como la de otros compatriotas-, entregando mi sobre celeste en el correo. Resultó interesante leer los comentarios, algunos muy mezquinos por cierto, denigrando a los salvadoreños que vivimos en el exterior. Otros me preocuparon porque señalaban que había que pagar para que los sobres no quedaran en espera con el trajín de la correspondencia de fin de año. El servicio  postal en Estados Unidos es eficiente y seguro –aunque todavía me da miedo eso de enviar y recibir cheques-, así que no creo que eso pase.

En la fotografía del primer voto enviado desde el extranjero es evidente que no se necesita pagar más.

Mi hija de cinco años me preguntó qué estaba haciendo con el famoso sobre celeste. Le expliqué y recordamos la vez que acompañamos a su papá a votar en la escuela secundaria de New Utrecht para elegir el nuevo alcalde de Nueva York.

Seguro son conceptos aún elevados para ella, pero hemos sembrado la semilla de nuestros derechos y deberes como ciudadanos. ¿Cambiaremos el destino de sus dos países? ¿Sirve de verdad invertir todo ese tiempo y energías para emitir el voto? Confiamos en que sí.
Venezolanos, mexicanos, ecuatorianos lo hacen desde hace años; éstos últimos hasta eligen legisladores.


Si bien la inscripción de los votantes salvadoreños en el exterior apenas es representativa –menos del 1%- es un buen ejercicio, de justicia, dicen unos, de democracia, dicen otros. Creo que el país ha avanzado en la dirección correcta, aunque todavía queda mucho por hacer para realmente acercar el gobierno y las instituciones a quienes vivimos afuera. 


Saturday, December 21, 2013

Desvaríos en torno a la doble nacionalidad de mis hijos



En El Salvador existe la tendencia que familias con bastantes recursos –o los suficientes deciden buscar otro país para que nazcan sus hijos, con el objetivo de que más adelante tengan “mejores” opciones para desarrollarse social y profesionalmente.

Uno de cada cuatro salvadoreños vive en Estados Unidos; y aunque la crisis económica ha puesto en dudas eso del “sueño americano” -para muchos sigue siendo mucho mejor que ese territorio estrecho, hermoso, violento y opresor que tenemos por patria.

Un pasaporte estadounidense es una llave para el mundo, aunque no es de “facto”. Hay madres mexicanas que arriesgan la vida para pasar “al otro lado”, casi en trabajo de parto, para que sus hijos nazcan allí y puedan tener beneficios médicos, sociales, académicos... aunque nada de ello es automático ni expedito: se tiene que llenar requisitos para poder calificar...

Los salvadoreños somos indeseados en cualquier parte: conseguir visa para México, Estados Unidos o Canadá es casi imposible para el común de los mortales. De España nos regresan allí mismo del aeropuerto si no mostramos el seguro de viaje que no-es-obligatorio-pero-sí que indique que no vamos a quedarnos ilegalmente. Exigimos trato humano y civilizado pero somos inhumanos e incivilizados con los extranjeros que hacen de nuestros 21,000 kilómetros cuadrados su nuevo hogar.

Por derecho, mis hijos tienen doble nacionalidad. Nuestra hija nació en El Salvador y si bien la ciudadanía estadounidense le viene directo, no es automática: se deben llenar requisitos y, si uno falta, pues no hay pasaporte. En el caso de nuestro hijo menor, la nacionalidad salvadoreña sólo depende de la inscripción ante el Consulado de la ciudad donde nació. Digamos que no hay que llenar requisitos sino hacer un trámite.

Los consulados salvadoreños en el exterior -como los consulados de todo el mundo-, tienen una fama que les antecede. A mí sencillamente me da miedo tener que depender de ellos para un trámite urgente o de vida o muerte. Había decidido no ir nunca -como si eso fuera una opción- pero mi pasaporte caducó.

Aproveché que fui a hacer una entrevista a la Misión Permanente de El Salvador ante la ONU -que comparte espacio físico con el Consulado- e hice cita para renovar el pasaporte. Pero además quería registrar a mi hijo como salvadoreño. Pero ¿para qué? me han preguntado varias personas. ¡Si con ser estadounidense basta y sobra!

Digamos que hay cosas inútiles para un salvadoreño que también tiene nacionalidad estadounidense: por ejemplo el pasaporte. Además, las leyes más recientes han “endurecido” los requisitos para sacarle pasaporte a un niño... todo porque antes esas mismas leyes permitieron abusos y violaciones a los derechos fundamentales, especialmente durante la guerra. A mí sólo me resulta “impráctico” por el tiempo que hay que invertir, el dinero, la movilización en tren, etc.

Entonces ese día iba dispuesta a todo: hacer una entrevista sobre una exposición de arte salvadoreño en la Misión; renovar mi pasaporte ($60), actualizar mi Documento Único de Identidad (DUI, $35) para poder votar en las elecciones presidenciales y legislativas de 2014 y efectuar el registro de nacimiento de mi hijo newyorkino.

Los registros de salvadoreños en el exterior son gratuitos si se realizan antes de los seis meses después del nacimiento; de lo contrario la multa es de $5 y si uno quiere una copia de la certificación cobran otros $10.

Lo pude todo, menos el DUI -porque no me alcanzó el dinero- y el registro del niño, ya que no entendí que necesitaba la partida de nacimiento de mi esposo, además de su pasaporte. Y bueno... ya para qué.

Nunca antes le había dado tanta vuelta en mi cabeza al asunto de la doble nacionalidad, de si realmente es importante. Entonces recordé todos los problemas que han tenido mis tías y parientes que salieron del país siendo jóvenes, y nunca se ocuparon de hacer los registros pertinentes a su cambio de estado familiar -matrimonio, divorcio, viudez- y se toparon con grandes problemas a la hora de tener que resolver asuntos de herencias y beneficios.

Carlitos podría ser presidente de Estados Unidos, pero no podría comprarse un rancho en la playa en El Salvador. Y eso no se vale. Si más adelante él quiere involucrarse cultural, social, económica o políticamente con el país de sus padres -o no- será su decisión. Creo que mi obligación es otorgarle el derecho para hacerlo.

En países como este, donde hacer trámites por internet es lo normal si se paga un poquito más pero se evita pérdida de tiempo y bilis, se permite ordenar una partida de nacimiento de otro estado y llega sin dramas por correo postal.

Así que volví al Consulado dos semanas después, en jornada extraordinaria de sábado: hice las fotos de la exposición de arte que había sido inaugurada un día antes y tramité mi DUI -es la primera vez que los salvadoreños podremos votar desde el exterior. Me cercioré de tener todos los documentos e hice el registro del niño... como no necesito su partida de nacimiento, por ahora, dejaré que el trámite siga su curso normal de un mes; cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores notifique a la Alcaldía de San Salvador que ya está listo, le pediré a mi madre que vaya y la pida.

Habiendo terminado mis vueltas, contenta y casi de salida, encontré una familia de inmigrantes salvadoreños que tramitaba el pasaporte a sus dos niñas mayores. Se trataba de niñas que fueron traídas de forma ilegal, en una época anterior a las historias de horror y pesadillas que muchos vivieron para “pasar”. El hermanito menor ha nacido aquí y, por ende, “no necesita el pasaporte salvadoreño”, me dijo la madre.

Mezclando inglés y español, como suele ser la conversación con las nuevas generaciones, el niño se pronunció con aire de superioridad ante sus hermanas: “Yo no soy salvadoreño, soy americano”.

Y así respondo a mi estúpida duda: “Para que mi hijo no piense de esa manera”.


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Actualización: Hoy, 21 de diciembre, la madre de mi esposo viajó después de casi un año a visitarnos. Nos trajo algunas cosas valiosísimas para sobrevivir en el invierno que apenas comienza: café del occidente de El Salvador, regalitos de la familia y un aceite de alcanfor, mentol y romero para descongestionar narices... y además, la partida de nacimiento del niño. El registro se tardó un poco más de lo normal -se tardó casi tres meses- porque hubo un error administrativo en el procesamiento, el cual fue subsanado. Y aquí la tenemos: esta Navidad estamos regalándole su doble nacionalidad. 


La versión original de este artículo fue publicada en el blog Baby ¡boom! de El Observador